miércoles, 13 de abril de 2011

Cultura y medios masivos

Hoy es difícil concebir un mundo sin televisión, internet, celular, radio, cine,  prensa; lo que era inimaginable años atrás, cuando la comunicación masiva pesaba menos que la comunicación interpersonal que se basada en tertulias y en una comunicación familiar más cercana.
El cuestionamiento está, si la influencia de estos perjudica o beneficia a la cultura.  En general se afirma que la beneficia, sobre todo en lo que tiene que ver con acceso a lo cultural, horizontes más ampliados y de más fácil alcance, sin importar las condiciones o distancias.
Sin embargo, en ese exceso de bondades se puede caer en la insensibilidad de la información, es decir, los medios pueden atestarse de basura, que anestesia y vuelve inerte al público o espectador.
A esto se le suma, que los medios pueden ser una ‘amenaza cultural’ en la medida que homogeniza a las sociedades y les da en muchos casos un carácter global.
Dentro de todo esto, las nuevas generaciones pueden ser un "blanco fácil", pues ante la promesa de un mundo más inmediato, poderoso e interactivo que ofrecen los medios de comunicación, se pierden de otras experiencias que exigen otros procesos formativos, como la lectura, la tranquilidad y el contacto personal y directo con los seres que lo rodean.
A pesar de todo esto, también se plantean aspectos positivos, según Martín Hopenhayn, que muestra que los actuales medios, contrario a acabar con la cultura y a masificar todo, debe luchar por localizar y mejorar los contenidos, además de permitirle al receptor que participe en ellos, pues hay mayor interacción.
Por otro lado, en la lección, Javier Rey habla sobre la "nueva cultura política" potenciada con las nuevas tecnologías en donde los políticos son reemplazados por herramientas comunicativas y de tecnología.
En todo este proceso se hace muy valioso observar cómo se refuerza poco a poco lo local, la tendencia a revalorizar lo propio, lo nacional, lo que es como una revancha de las mismas culturas hacia el empuje de la globalización.

3 comentarios:

  1. No es de dudar que en los últimos años, en la vida de los seres humanos se haya marcado nuestras maneras de vivir, de comunicarnos de trabajar de interactuar, y de qué forma en el espacio geográfico ya no existen distancias de comunicación debido al enorme desarrollo tecnológico del que estamos siendo testimonios.
    El surgimiento de las Tics en nuestro siglo arraso y forzó a toda la humanidad a cambiar sus procesos y su vida cotidiana, los medios masivos de comunicación pasaron a ser parte de las culturas de masas, a ser popular el comercio en el ciberespacio y a generar un comercio con muchas facilidades de compra y venta de toda clase de productos. Las redes sociales son una herramienta de interacción, pero recordemos que está unida a procesos de violación de la intimidad de los usuarios.

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  2. El efecto de estos nuevos ritmos comunicacionales para la experiencia de la cultura serian, primero, que la comunicación para las culturas seria un prioridad significativa y ya no pasaría a segundo plano, es decir se constituiría en la necesidad de comunicar lo propio y en ese movimiento también construir cultura. Quienes somos mientras comunicamos lo que somos.

    Y segundo el pensar las políticas de comunicación como políticas culturales, en el sentido que exigen pensar sus efectos en un más allá de la práctica comunicativa: en el devenir existencial de la vida colectiva con todos los campos de subjetivación que ello implica.
    Sin embargo Jesús Martin Barbero nos hace un llamado: “de no caer en el error de considerar que las tecnologías pueden ser neutras, ya que son el lugar donde se concentran los intereses económicos y políticos de manera mas intensa y ansiosa.”

    Las industrias de la información pueden dar vía libre para acceder a cualquier información por que reconocen que esta por si misma no trasforma la sociedad en su estructura, sino por el contrario la somete y gobierna lo modos de polarización de opinión a su antojo.

    Estas industrias comunicacionales no son inocentes de las estrategias de globalización que siguen siendo excluyentes. El escenario de público termina reducido solo a una estrategia para que intereses privados extiendan más sus mercados. Boris G Delgado H.

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